| Vías de tren en L'H |
Esta mañana he visitado a mi madre en L'H.
Y de nuevo me he dado cuenta de la suerte que he tenido de haber podido huir del barrio en el que crecí.
No sé exactamente lo que es, pero el ambiente de la zona me da repelús.
Pese a que el insoportable gris de sus calles es igual, mi sensación es que el barrio se ha degradado considerablemente en estos últimos años.
Mi madre sigue soñando en que le tocará la lotería y así podrá escapar también.
Lamentablemente, es el sueño de los pusilánimes, pero es mi madre y la acepto como es.
Por la tarde, ya en SB, he vuelto como cada dos semanas a buscar la comida que reparte la beneficiencia.
Pero ésta ha sido la última vez porque se ha acabado la cartilla naranja que nos dieron.
Quizás la asistenta social nos la renueve.
No es que recibir comida nos haya ayudado en algo a salir del agujero.
Eso sí, nos ha permitido usar los pocos euros ahorrados para pagar las tarjetas de transporte y llevar a los niños al colegio este mes.
Pero no mucho más porque sólo era una tirita para curar una cáncer.
Y dicho cáncer continúa avanzando día a día hasta que nos degrade por completo.
Por mi parte no obtengo los resultados dinerarios suficientes, Olga hace lo que puede limpiando una casa cada semana, y mi abuela sigue viva a sus 91 años y por lo menos podemos comer con su pensión.
Lo siento por todos nuestros deudores, pero nos es imposible ahora devolver nada si es que queremos comer, sobre todo los niños.
En fin, que seguimos sobreviviendo y eso es lo importante.
Mi intención no es quejarme, sólo es describir mi realidad actual para un día volver a leerla sabiendo que lo acabamos superando felizmente.
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