Son tiempos duros.
Y ocurren cosas terribles todos los días.
Como suicidios inducidos por los deshaucios.
El último esta mañana cuando una mujer se ha lanzado al vacío.
No sé si servirán de algo estas palabras mías, pero ¡resistamos!
Sé que escribir es muy fácil, y vivir una situación así es una pesadilla.
Yo se la evité a mis hijos al irnos del piso en el que vivíamos de alquiler cuando ya no pudimos pagarlo.
Sin embargo, tenemos que vivir, aunque sea para poder ejercer nuestra venganza.
El gobierno criminal nos aterroriza con sus leyes; la policía a sus órdenes nos da palizas y nos secuestra; los banqueros nos roban nuestros hogares con la connivencia de los jueces...
Pero tenemos que aguantar para hacer la fuerza que provoque, por las buenas, que esta gentuza acabe con sus huesos en la cárcel.
O, si acaba siendo por las malas, que acaben colgados de los dedos de los pies de los árboles más altos.
Eso sí, no lloverá café del cielo: el resultado final dependerá de nuestras acciones.
Y si estamos muertos, estos HDPs seguirán con su desprecio a la vida para siempre.
Como mínimo algo positivo descubrimos desde el 15 de mayo del año pasado: no estamos solos.
Estamos rompiendo el aislacionismo y las divisiones que nos crearon artificialmente.
Y eso sólo es razón para estar convencidos de que ya han perdido, y solamente es cuestión de continuar en nuestro camino.
Asi que, por muy terrible que alguna vez te sientas, no te suicides, porque te perderás ser parte de nuestra victoria.
Quiero que lleguemos juntos.
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