Incitar a que las clases bajas se asesinen entre ellos es una de las diversiones más beneficiosas para la Humanidad.
Mientras les decimos que no hay dinero para su comida - porque controlamos los precios y los recursos, mientras les decimos que no hay dinero para su sanidad - porque controlamos las farmacéuticas, mientras les decimos que no hay dinero para crear empresas que les den trabajo - porque no queremos competencia desleal, fabricamos todo el dinero que se necesite para armarles y lanzarlos a los campos de batalla para que se maten ellos mismos en masa.
Esta masa sucia de subhumanos está convencida de que la solución a sus problemas es siempre el dinero. Como le son completamente obedientes nos es sencillo en extremo manejarles como el rebaño que demuestran ser pues, repito, fabricamos todo el que sea necesario para ello.
Porque las guerras son la perfección, nos permiten controlar su número, oler su sangre, saborear su sufrimiento, experimentar con su carne...
Por ello, siempre hay dinero para las guerras pero nunca para la paz. Porque la paz les aburre y los mantiene ociosos. Además, ese ocio es perjudicial para nuestros planes porque si reflexionaran por ellos mismos sería como lanzarnos piedras a nuestro tejado. Es el límite que no podemos sobrepasar.
Aunque son incapaces de comprender que lo que de verdad mueve a este universo es la voluntad, que la voluntad la mueve nuestro pensamiento, y que las palabras esculpen nuestro pensamiento. Así que, dominando los mensajes, dominamos sus mentes, ergo, dominamos sus voluntades. Y para nosotros es un completo juego manejarlos a nuestra voluntad porque son unos corderitos mansos en nuestras manos. Les hacemos creer que las cosas son justo al contrario de lo que son, y ellos obedecen sin preguntarse por qué.
No es ningún secreto como lo hacemos porque lo hacemos todo en abierto, con total transparencia, sin engañar realmente a nadie. Incluso ellos podrían parar nuestro juego en cualquier momento simplemente no haciéndonos caso; y este hecho hace que nuestro dominio total sea todavía más dulce porque un juego sin emoción de perder no es un juego realmente.
Es de manual, ya no nos inventamos nada nuevo. ¿Por qué si el procedimiento funciona a la perfección? Una y otra vez, este desperdicio de masa ingenua cae en nuestras redes, sin tener la más remota idea de que son pasto de nuestros planes. Y no sólo eso, sino que aún nos piden más, más sangre, más destrucción, ¡aman ser las víctimas!
¡Y aman obedecernos! Hemos logrado que tengan una dependencia hacia nosotros de tal calibre que son incapaces de caminar por su cuenta. Cada vez que les hemos dado la posibilidad de la auténtica libertad han vuelto a nosotros como perritos fieles a su hogar.
No obstante, es posible que llegue el día en el que nos aburramos de tanta facilidad. En el momento que eso ocurra, sencillamente aplicaremos la solución final, todo está previsto. Será el último juego, que exterminará al 99% de esos seres que no merecen ni la comida que comen, ni el aire que respiran.
Entonces, será el momento de recomenzar de nuevo, como tantas otras veces en el pasado. Y así ad eternum, como el flujo y el reflujo de las mareas.
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