Pero en Barcelona habían dos equipos en la Primera División de España, ¿de cuál entonces? Tampoco me fue muy difícil responderme a esta pregunta porque me tocó nacer justo en la Maternitat de Barcelona, y para los que no lo saben, dicha maternidad está justo enfrente del estadio del F. C. Barcelona. Así que me decidí por ser de ese equipo, y, además, parecía ser uno de los mejores porque acababa de fichar a Maradona, el que se decía mejor jugador del mundo en aquella época. Y me esforcé en buscar los jugadores del Barça para completar su página de la colección de cromos de ediciones Este.
Muy bien, perfecto, tema resuelto. Ya podría aparentar ser un niño "normal".
Justo unos pocos meses después dio la casualidad de que el Mundial de España tuvo su sesión inagural en el Nou Camp del Barça, y recuerdo ver enormes dirigibles sobrevolando nuestras cabezas con carteles de "GoodYear" desde la terraza de la casa en la que vivíamos, no muy lejos del campo. También recuerdo ver en la tele los dibujos de Naranjito, la mascota de dichos mundiales.
Así que pasó algún tiempo...
Y a los doce o trece años un amigo de clase fue a hacer las pruebas del Barça. Como mi madre era amiga de su madre pues también me apunté. Y yo, habiendo sido siempre un patoso en el fútbol, pues me presenté también todo contento. Entonces llegó aquel sábado por la mañana, porque creo que fue sábado, y me dispuse a jugar en uno de los campos de arena que hay, o había, junto al gigantesco estadio del club. Fue en este día que confirmé que nunca iba a ser futbolero porque en la primera parte mi equipo iba ganando 3 a 0 y yo salí en la segunda, me puse de defensa y al final perdimos 3 a 7, o un resultado parecido. Ya digo, terrible.
De mi niñez todavía me quedan dos anécdotas que contar respecto al fútbol y el Barça.
La única vez que en mi vida entré en el Camp Nou para ver un partido de fútbol fue en un encuentro de la ya no existente Copa de la Liga entre el Barça y el Atlético de Madrid. Fui con mi colegio invitado, y recuerdo llevarme una pequeña decepción porque en la portería no estaba Urruti sino su suplente. Estuvimos en la parte alta y los jugadores se veían muy pequeñitos, así que realmente no me enteré de nada excepto que el Barça ganó.
Y la otra anécdota consistió en la visita que los veteranos del Barça realizaron a mi colegio para jugar un partido amistoso de futbito contra los veteranos de la asociación de padres, enmarcado en las fiestas de fin de curso de 1987. Los veteranos del Barça le dieron una aplastante paliza a los de mi colegio, el Eugeni D'Ors de L'Hospitalet, pero lo que me pareció genial fue ver en persona a muchos jugadores retirados que sólo había visto antes en cromos y en la tele, especialmente a Reixach, que unos meses después sería el segundo de Cruyff en el banquillo del Barça. Conseguí autógrafos de todos, pero los perdí en algún lugar por mi dejadez.
Así que pasaron los años, y de vez en cuando veía partidos del Barça, que no de fútbol, porque yo veía al Barça y nada más, pero sin demasiada pasión. Y pasaron los años, y llegó la era Guardiola y me fijé que jugaban mejor en vivo que en los videojuegos. Así que me enganché a seguirlos, incluso conectándome a emisones p2p por internet, cuando no daban los partidos gratis por la tele, suerte de saber manejarme por la informática. Fue en esos tiempos que el Barça manchó su camiseta por primera vez con un logo, el de UNICEF, pero al ser una asociación aparentemente benéfica, luego descubrí que no, pues no le di mayor importancia.
Pero cuando la directiva del Barça decidió aceptar el patrocinio del reino autoritario dictatorial de Qatar, todo cambió para mí. Porque fue entonces cuando cruzaron mi línea roja. A partir de ese momento decidí firmemente dejar de ver y seguir al Barça, y por extensión el fútbol en general. Si una dictadura sangrienta como Qatar patrocinaba al Barça, ése sería mi boicot silencioso. Y tengo que añadir que no me costó demasiado hacerlo, la verdad.
Y así, desde me decidí no he visto más un partido, dejé de fijarme en qué jugadores fichaban o se iban, actualmente no tengo ni puñetera idea de ni quién es el entrenador, ni cómo quedaron en la liga, copa, champions, o en la liga infantil. Me da ya absolutamente igual.
Pero lo peor llegó hace unos meses cuando vi la fotografía de un niño asesinado en Siria, que llevaba puesta una camiseta del Barça, y sus asesinos fueron los terroristas rebeldes pagados por EEUU, Arabia Saudí y... Qatar. Maldita ironía, el dinero de Qatar asesinó a un niño que llevaba puesta la camiseta del equipo que patrocina Qatar... ese equipo por el que desperdicié tantas horas de mi vida viendo sus partidos.
Y luego están los centenares de trabajadores esclavizados en Qatar que han muerto construyendo los estadios para un próximo mundial. Un próximo mundial del que se ha revelado que las autoridades qataríes consiguieron mediante sobornos. Pero, la verdad, el mundo profesional del fútbol es corrupto por naturaleza, así es como funciona. Lo terrible es la sangre derramada para satisfacer a los déspotas.
Hasta llegar a este momento. Hoy se inagura en Brasil un nuevo mundial de fútbol, y el gobierno de dicho país ha hecho todo lo posible por reprimir las protestas contra el evento. La gente protesta por todos lo millones que se han usado para la vanagloria de unos pocos privilegiados mientras la población a duras penas puede subsistir. Es más, hay informaciones de matanzas de niños para "limpiar" las calles de pedigüeños y dar buena imagen. Más terrible que eso, ¿qué puede haber?
Pues, en fin, hoy vuelve el Mundial a las andadas, y el rebaño del que una vez fui parte volverá a alabar, aplaudir y celebrar a esos hombres adultos millonarios en pantalón corto que se disputarán un balón para llevarlo a la portería contraria. Hoy comienza el máximo espectáculo mundial de ese ex-deporte que se llamaba fútbol, y que ahora, marcado por la muerte y la desesperación, no es más que... FÚTBOL DE SANGRE.
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