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domingo, 11 de mayo de 2014

¿Sobre qué escribir un post en un domingo por la tarde?

Existe el pánico a la página en blanco. La miras, la vuelves a remirar, y luego la remiras aún más. Y no hay duda, continúa en blanco.

Existe la idea de que hay que escribir para transmitir grandes pensamientos. Que si no se tiene una idea totalmente genial, no vale la pena manchar el papel. Pero, qué cosas, en internet no hay papel, sólo bits.

Y las reglas ya no son las mismas porque si no tienes en un momento ideas para escribir, no te preocupes, tienes una salida: escribir sobre que no tienes ideas sobre las que escribir. Fantástico, ¿verdad?

Y, además, si estás estancado y no te salen ideas originales, no hay nada más original que escribir sobre que estás estancado y no te llega ninguna original para escribir.

Porque en esta época, escribir ya no es un acto totalmente formal que requiere de un proceso totalmente protocolario que da un arte de distinción al escribiente. No, no, todo lo contrario, con estos aparatos que llamámos "teléfonos inteligentes", aunque para mis adentros pienso que llamarlos inteligentes es un insulto al concepto de inteligencia, podemos escribir y publicar desde el mismo retrete; no obstante, entre tú y yo, eso nunca lo haría, pero está la posibilidad.

Y así, letra a letra desde un diminuto teclado, yendo para atrás cada dos por tres porque has tecleado la letra incorrecta, escribes sobre que no sabes sobre qué escribir un domingo por la tarde.

No podemos negar que la vida se nos ha simplificado al máximo para los tropezadores de palabras con la tecnología existente. Es ya tan fácil escribir desde cualquier lugar que no hacerlo resulta incongruente.

Vamos, que no tener tema sobre el que escribir es una excusa rastrera provocada por la vagueza. No hay más misterio, hay que escribir por escribir y la práctica te enseña a escribir por escribir.

¿Cuántos peces se han mordido la cola ya en este escrito?

No sé, pero creo que este post ya es lo suficientemente largo para que los académicos de la red lo consideren un post dentro de los estándards arbitrarios que consideran que es un post.

Pues entonces, ahora añado una imagen para que quede redondo, por supuesto. Bueno, quizás sea una imagen sin relación, pero es una imagen tomada por mí, y no violo mi propio copyright.

Nos encontramos el próximo post que será tan interesante o más que éste.

miércoles, 23 de abril de 2014

El por qué ahora está de moda escribir posts largos


En la foto, el largo camino y bla bla bla, símbolo del esfuerzo, del futuro, etc, que siempre queda tan bien en cualquier post.

Porque no podemos bloguear a nuestro antojo, no, hay que seguir a los gurús de turno que nos indican  como hay que bloguear en posts tipo "Las 10 cosas que no puedes olvidarte para tener éxito con tu blog", (si hubiera titulado así este post, hubiera multiplicado las visitas por 1000 como mínimo).

Y si no blogueas así te caerá la losa del fracaso insufrible sobre ti.

Luego, tienes a los señores de Google cambiando su algoritmo a su antojo para que estos mismos gurús puedan hacer posts titulados "Los nuevos cambios de Google y cómo te afectan", y así volver a cambiar la forma que escribes en tu blog para obedecer las nuevas reglas googlelianas.

Porque el objetivo no es expresarte libremente, sino atraer lectores, porque, ya se sabe, no tiene sentido escribir si no te leen.

Y así, ahora la moda es escribir posts muuuuy largos y sesudos. Hacer borradores una y otra vez, y no decidirse a presionar el botón de publicar hasta estar seguros de que hemos alcanzado un estado de perfección blogueril.

Bueno, pues qué le vamos a hacer, estoy escribiendo desde mi móvil y no tengo ni idea de la cantidad de palabras que hay en este post. Y, además, le doy al botón de publicar cuando siento que he escrito lo que había pensado escribir.

Es decir, la cosa funciona así:
  1. - Tengo una idea.
  2. - Me entran ganas de escribirla.
  3. - Uso la app del móvil.
  4. - Desarrollo mi idea sin más.
  5. - Publico.
Y ya está, sin darle más vueltas.

Ahora bien, reconozco que a esos gurús les funciona, porque sus posts tienen muchas visitas. Quizás la única recomendación para tener un enorme éxito blogueril sería: "hazte gurú y dile a los demás lo que tienen que hacer, porque una gran parte de la humanidad no quiere esforzarse en pensar por sí misma."

Me pregunto si este post es lo suficientemente largo, o tengo que ampliarlo con más palabras redundantes. Por cierto, le he puesto una foto y eso tiene que garantizarle su éxito; es lo que dicen los gurús...

Ah, sí... ¿y a ti, qué te parece? (Ésta es la pregunta final que garantiza que hayan comentarios, porque están muy feos los blogs sin comentarios.)

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Traicionándome a mí mismo

Este bloguero
Este bloguero se prometió no compartir este blog con las redes sociales.

Por ello, no puso los típicos botones para compartir.

Este bloguero ha cambiado de opinión y ha conectado el aviso de nuevos posts con su cuenta personal de Twitter y Facebook.

Facebook, ¡puaj!

Este bloguero es un maldito traidor a sus principios.

¿Principios?

Este bloguero es coherente con la incoherencia de ser Marxista, seguidor de Groucho Marx.

Y el gran Groucho dijo una vez, o más veces: "Estos son mis principios, pero si no le gustan tengo otros."

Al menos, este bloguero no ha colocado botoncitos de compartir, ni ha usado todavía enlaces externos en el texto.

En realidad, este bloguero no sabe que hará mañana.

Ni mañana de mañana.

Bueno, por no saber, no sabe si habrá mañana, claro.

No sabe contra qué circunstancias tendrá que enfrentarse, y que más tendrá que cambiar de "sus principios".

Hoy los niños de este bloguero han asistido al primer día de escuela.

Y este bloguero no ha sabido cómo imponerse ante su cónyuge.

Su cónyuge, su linda oposición en casa.

Este bloguero tendrá que pedir algún día perdón a sus retoños por no haber podido impedir que el estado los adoctrinara como borregozombies.

Este bloguero está perdiendo sus palabras en el tiempo.

Y si todo continúa igual, de este bloguero sólo quedaran eso, sus palabras.