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viernes, 3 de mayo de 2013
Escribir para no olvidar
Cuando era adolescente fui consciente de que me olvidaría de aquellos instantes. Y por ello me puse a escribir para recordármelos en el futuro.
Y lo hice mayoritariamente en forma de poemas. Cientos de poemas que describían mis sensaciones en aquellos momentos. Para bien o para mal, yo fui así, y así intenté dejarlo reflejado lo mejor que supe.
El tiempo pasó, y olvidé. Pero aquellos papeles escritos a bolígrafo lograron sobrevivir. Y a veces los repaso para recordar quién fui.
Mucho más tarde, muchos de esos poemas los publiqué en tres libros que ahora están disponibles en internet en formato de ebook. Ésa fue una gran victoria personal para mí.
Ahora, continúo escribiendo, y también grabo mis ideas en vídeos, que publico en YouTube, y fotografío la vida, que plasmo en la red. Sin embargo, ya no es mi prioridad hablar a mi yo del futuro.
Ahora, mi intención ha aumentado su abanico y también se dirige a mis hijos. Para que, en el momento que lo puedan comprender, vean y lean cómo era su padre, y el entorno de la época.
En realidad, lo considero un privilegio porque a mí me hubiera gustado que mis padres hubieran hecho lo mismo, pero mi infancia se perdió entre las sombras del olvido.
Apenas hay fotos de mi niñez, ningún vídeo en absoluto y las historias son verbales, a veces.
Por eso estoy retratando la cotidianidad, esta cotidianidad que en el futuro será pura nostalgia. Pero si sobreviven mis escritos como éste, mis fotos y mis vídeos, será una cotidianidad directa, sin intermediarios.
Capto estos momentos para el recuerdo, para que el manto del olvido no venza; espero que no sea en vano mi esfuerzo.
lunes, 8 de octubre de 2012
Ya se me ha olvidado
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| Fotografío cosas cotidianas para que perduren en el recuerdo |
En las películas suele haber un personaje que dice algo así como "me he quedado con tu cara".
En mi vida real es todo lo contrario.
Tengo esa habilidad para olvidarme de las cosas a los 30 segundos.
Olga a veces juega conmigo preguntándome qué me acaba de pedir hace cinco minutos y yo ni recuerdo.
Le deben fascinar las adivinanzas.
Y yo miro a todos sitios intentando recordad, pero es como si nunca se hubiera marcado en mi memoria.
Menos mal que existe el lápiz y el papel, o el teclado del móvil y aplicaciones como Evernote.
Aunque si quisiéramos que algo perdudara está claro que usaríamos tablillas de barro o granito en el que escribir.
Eso es lo que hicieron los antiguos para transcender sus conocimientos en el tiempo.
Toda esta era digital ni siquiera será olvido un día, y muchos caerán en la cuenta de que se tenían que haber empleado los métodos ya experimentados de los antiguos.
Sólo perdudará de nosotros aquello que esté gravado en la piedra.
Así que estos bits que lees ahora en tu pantalla serán más efímeros que mi memoria.
Un instante incontable, por lo mínimo que es, en la inmensidad del tiempo.
Es curioso, se me había olvidado de qué quería escribir hoy aquí y he acabado escribiendo sobre el mismo olvido.
Como mínimo me quedan recursos para contrarrestar mi olvidadizo olvido.
Y que dure.
Como mínimo me quedan recursos para contrarrestar mi olvidadizo olvido.
Y que dure.
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