Pues ya pasaron las elecciones europeas, y los resultados aparentemente no han sido del gusto de las élites bancarias. Y digo aparentemente porque dichas élites bancarias tienen la tradición de haber financiado a los partidos de todo el espectro oficialista: desde los partidos comunistas a lo capitalistas, pasando por todas las extremas derechas e izquierdas.
Y sabiendo esto, mi pregunta es si no estarán otra vez lavándose la cara, como han hecho muchas otras veces en el pasado.
Puesto que me toca vivir en el país llamado España, voy a centrarme en sus resultados, aunque mi análisis puede ser extrapolable a cualquier otro país democrático.
A primera vista de pájaro se puede observar que los ganadores de estas elecciones han sido precisamente los que no votaron, con un 55,1% del censo. Es decir, que volvemos a tener ante nosotros unas elecciones legitimadas con una participación menor del 50%. Ya sabemos que al sistema le da igual, y si sólo votara el 1% ya les sería suficiente para darlas por válidas. Sí, ya lo sabemos, ellos se lo montan y ellos se lo comen.
Pero la gente que no ha votado no ha sido sólo porque no le interesa la política, muy al contrario, muchos lo hemos hecho porque sí nos importa la democracia y no nos tragamos ya esta farsa. Es puro cansancio de darnos una y otra vez contra la misma piedra, y ganas de caminar por otro sendero.
Sin embargo, ha quedado un 45,9% del censo, que no de la población, que sí ha mantenido su ilusión ilusa, que se cree que los que gobiernan son los políticos a los que se elige en unas elecciones, es decir, todavía viven en una burbuja de la vie en rose.
Y es en esta burbuja en la que se centran los medios oficialistas, que al igual que los partidos mayoritarios, y no tan mayoritarios, son propiedad también de los bancos. Así, siguiendo con los resultados, el bipartidismo oficialista del PPSOE ha conseguido un 49,06% de los votos. ¡Oh, sorpresa! Eso significa que tan sólo un 22,03% del censo votó por el PPSOE. Es decir, que esa mayoría virtual de estos pasados 40 años ya no se sostiene, se mire por donde se mire.
En estas, que los medios de (des)información ya han comenzado la voz de alarma: "¡que llega el populismo!", porque lo normal es el elitismo, claro. Por supuesto, uno podría pensar que esa voz de alarma es contraproducente porque parece atraer más a dicho populismo. La gente, cansada, pero todavía dentro de la burbuja, pensará: "vaya, pues si no les quieren, es que son del pueblo y habrá que votarles." ¿Contradicción? Ni mucho menos.
Porque la élite sabe que se ha cerrado un período en España, y en Europa, y, repito, como en veces anteriores, está moviembo ficha para situar a sus nuevos peones en el lugar adecuado. Y los nuevos partidos que aparentemente proceden del pueblo no lo son tanto. Tienen detrás una gran máquina de márketing, y están dirigidos realmente de una manera tradicional: un líder carismático y seguidores obedientes.
Ya lo hemos visto antes, no es nada nuevo. En este sistema electoral hay unas reglas que cumplir para ser elegido, y si un partido sube electoralmente es que las ha cumplido. No hay más secreto. Es parte del propio sistema que dice que va a cambiar. Es parte de la propia rueda que aplasta a todos aquéllos que pretenden oponerse desde dentro.
Así que, no queda más que preguntar:
¿Ya os habéis divertido votando, chiquillos? Ahora id este día 29 a Copenague a ver si os dejan votar al poder real en Bilderberg.
En fin...
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