Sí, puedes botar a esos políticos obedientes de la élite con tu voto. Eso es incluso posible si una gran parte de la población decide ponerse en serio el día de unas elecciones.
Sin embargo, no podemos ser ingenuos y dejar de lado la "real politik". La historia y la actualidad están llenas de experiencias para darnos cuenta de que los votos no son el factor determinante para un cambio real en una sociedad basada en los tipos de estados actuales.
¿Ejemplos?
Un mes después de ser echado de España, el rey Alfonso XIII puso de su bolsillo un millón de pesetas de las de entonces para recuperar su trono. Resultado: tres años y un millón de muertos después caía la república. No recuperó su trono entonces, pero su nieto sigue en él.
En los años cincuenta del siglo pasado, un presidente electo democráticamente de Persia, actual Irán, nacionalizó los pozos petrolíferos. Poco tiempo después, un golpe de estado perpetrado por la CIA, a las órdenes de British Petroleoum, instauró al Sha de Persia.
A principio de los años setenta del siglo pasado, la ciudadanía logró una democracia nás cercana a ella con la elección de Salvador Allende. El 11 de septiembre de 1973, el ejército, siguiendo el plan de los EEUU, bombardeó el Palacio de la Moneda y murió Allende.
Hace un par de años un agente del servicio secreto francés asesinaba a Gadafi, presidente de Libia, tras el ataque y asedio de la OTAN. Su crimen, intentar imponer una moneda basada en el oro para los intercambios petrolíferos en África, y así no depender del petrodólar. Ese hecho hubiera beneficiado a su pueblo sin duda alguna.
Hace tan solo unos meses, un golpe de estado perpetrado por los servicios secretos occidentales, EEUU y la UE, derrocaron al presidente electo de Ucrania, colocando a un títere afín en su puesto. Lo primero que hicieron fue robarse las reservas de oro.
Y ayer mismo, una facción antiestadounidense del ejército tailandés derribó el gobierno de la presidente electa.
¿Qué conclusiones sacamos entonces?
Que en cualquier lugar del mundo quien gobierna es quien puede pagar la violencia suficiente para imponerse, sin importar las consecuencias en vidas humanas.
Por ello, sí, bota a los políticos de turno, pero en ningún caso te creas que ésa es la victoria. Todo lo contrario, en ese justo momento comienza la auténtica lucha.
Atentos.
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