Huir de estos edificios cuadrados y grises.
Huir de estas luces que controlan cuándo cruzas el asfalto polvoriento.
Huir de estas calles monótonas y tristes.
Huir de este lugar que dicta cuáles de nuestros pensamientos son correctos.
Huir de este esperpento que es ver cómo a los demás no les importa un pimiento.
Huir de este tiempo que controla todos nuestros movimientos.
Huir de estas reglas impuestas para que vivamos como muertos.
Huir de esta locura que destruye la imaginación.
Huir de este ahora que aniquila cada emoción.
Huir de la moral para lelos.
Huir de la simplificación de lo complejo.
Huir.
Huir.
Huir.
Me da igual que no haya lugar al que poder huir.
Pero el mero hecho de huir ya me vale de por sí.
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