Siempre he dudado de las versiones oficiales.
Siempre tenido la sensación de que había algo oculto detrás.
Y ahora, cuando he encontrado las respuestas que coinciden con mis suposiciones, todo es incluso peor de lo que imaginaba.
No hay resquicios, todo está atado y reatado.
No hay lugar al que poder huir para esquivar el golpe.
Durante un tiempo me decía que esperaba equivocarme; que mis deducciones fueran erróneas.
Ya no hay lugar a la duda.
Los hechos son los hechos, y así hay que aceptarlos.
Y ya no puedo hacer mucho más por esa gran masa de congéneres que viven engañados, disfrutan siendo engañados y defienden ser engañados.
Mi camino ya no puede perder más tiempo.
El tiempo de avisar pasó.
Ahora es el momento de avivar el paso y apartarme del camino cómodo que lleva al desastre.
Quien quiera seguir la ancha avenida de la esclavitud, que la disfrute.
Pero no lo hará en mi compañía.
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