martes, 17 de junio de 2014

Arrepentíos: El fin del mundo está cerca

Seguro que todos hemos visto alguna vez en una película la escena de un hombre harapiento con un cartel gritando: "¡Arrepentíos! ¡El fin del mundo está cerca!".

Por supuesto, los figurantes de la escena pasan a su lado sin hacerle el más mínimo caso.

Esta escena, repetida constántemente no sólo en películas sino también en series de televisión, no es una casualidad; está especialmente diseñada para adiestrar a la población a ignorar a todo aquél que proclama un discurso contrario a lo socialmente aceptado.

Por supuesto, lo socialmente aceptado está también diseñado por los medios de masas controlados por el poder de facto.

Es por ello, que por mucho que uno haya descubierto la verdad no hay método más contraproducente que intentar "abrir los ojos a los demás" por métodos racionales, puesto que el elemento reptiliano de nuestro cerebro, las sensaciones, es más poderoso que nuestra razón.

También, parece como que todavía no hemos aprendido del mito de la caverna de Platón. En el mundo de las sombras nadie quiere ser despertado de su sueño, y se dejará de lado o se eliminará a todo aquél que intente molestar la comodidad de la burbuja.

Alguien que lo entendió perfectamente fue el sobrino de Sigmund Freud, Edward Berneys. Cuando las empresas tabacaleras le encargaron lograr que las mujeres fumaran, él lo consiguió de una manera brillantemente manipulativa.

Para el día en el que hubo un gran desfile en la ciudad de Nueva York, contrató a unas modelos veinteañeras y a unos cuantos fotógrafos periodistas. Les instuyó a estar a cierta hora en el lugar con más gente y a su señal las jóvenes comenzaron a encender y fumar cigarrillos. Entonces los periodistas las fotografiaron y les preguntaron por qué lo hacían. Las mujeres respondieron lo que Berneys les hizo aprenderse, que eran mujeres libres y que esos cigarrillos eran sus "antorchas de libertad". Al día siguiente, los diarios lo publicaron en primera plana y las tabacaleras consiguieron que la otra mitad de la población también fumara.

¿Qué podemos aprender de este hecho histórico? Pues que la masa es muy fácilmente manipulable si se sabe cómo, y que cualquier iniciativa que no apele al sentimiento tiene todas las de perder y ser rechazada.

Así que podemos seguir, salir a la calle y gritar con todas nuestras fuerzas que nos están dirigiendo como a un rebaño de borregos, que nuestros esfuerzos continuarán siendo en vano.

O tuitear mil veces que el fútbol sirve para amansar a la masa, que los futboleros no nos harán ni puñetero caso, por ejemplo.

Si de verdad queremos que nuestros conciudadanos se den cuenta de lo que está realmente ocurriendo sin alentar su rechazo tenemos que encontrar nuestras "antorchas de la libertad", porque estamos enfrente de una programación mental muy poderosa que no se puede derribar más que de la misma forma que fue programada, pero en sentido contrario.

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