viernes, 13 de julio de 2012
Pues hay días que salen las cosas bien
Pues hay días que salen las cosas bien.
Hoy he recibido la respuesta de Amazon, y me han confirmado que todo está bien y me han restaurado mi cuenta.
No sólo eso, me han pagado mis primeros 56 euros por los libros que vendí en abril.
Tampoco es que escriba por el dinero.
Escribo por escribir, expresar lo que pienso; y si además gusta a otros mejor que mejor.
Pero en este tipo de sociedad, de momento, se necesita el vil metal para comer.
No ya tener lujos, que no sé los que es eso, para comer.
Cuando los humanos decidan cambiar sus hábitos y los conviertan en saludables, y decidan crear una sociedad en la que nadie muera por injusticias, esto del dinero será incluso innecesario.
Pero hasta entonces, poco probable que lo vea, hay que sobrevivir.
Otro día, otro puñado de euros.
Ahora mismo no obtengo los suficientes puñados de euros y mi familia y yo vivimos en casa de mi abuela, y nos mantienen las pensiones de jubilación de mi abuela y de mi madre.
Así están las cosas.
Llevamos una temporada de caída libre.
Por eso es para mí tan destacable pequeñas victorias como ésta.
Un día en el que las cosas salen bien, es un día para celebrarlo.
No tenemos muchos de esos.
Aunque, para Olga, mi mujer, no hay nada que celebrar.
Ella es muuuuy materialista, y dice que 56 euros es una miseria y no nos soluciona nada.
Y tiene razón.
Pero mi esfuerzo está en la dirección correcta.
El objetivo es que en la vida hayan más días en los que las cosas salgan bien que mal.
Sin embargo, esos días no vienen por arte de magia.
Hay que esforzarse.
No sé si me estoy esforzando lo suficiente, vistos mis pingües victorias.
Pero hay días en los que las cosas salen bien.
Y éste ha sido uno de ellos.
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