Es sorprendente la calidad de la comida de la beneficencia.
Ni cuando estaba dentro del sistema podía permitirme estos lujos.
Raviolis con almendra, queso de cabra y zumo de melocotón auténtico para los niños.
Galletas con sabor a galletas.
Espléndido.
Teníamos que haber ido a la asistenta social antes.
Cuando se acaben las seis semanas de caridad alimentaria no sé si comeremos, pero como mínimo nos quedará el recuerdo de estos excelentes productos.
Hasta que seamos polvo.
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